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Me voy de las redes sociales.

Publicada por primera vez en 1932, Un mundo feliz es la novela más famosa del escritor británico Aldous Huxley, en ella se muestra una distopía que anticipa el desarrollo en tecnología reproductiva, cultivos humanos e hipnopedia, manejo de las emociones por medio de drogas (soma) que, combinadas, cambian radicalmente la sociedad. Aldox Huxley describe un mundo casi perfecto, una utopía, aunque irónica y ambigua: la humanidad es ordenada en castas donde cada uno sabe y acepta su lugar en el engranaje social, saludable, avanzada tecnológicamente y libre sexualmente. La guerra y la pobreza han sido erradicadas, y todos son permanentemente felices. Sin embargo, la paradoja es que todas estas cosas se han alcanzado tras eliminar muchas otras: la familia, la diversidad cultural, el arte, el avance de la ciencia, la literatura, la religión, la filosofía y el amor.

¡Oh, qué maravilla!
¡Cuántas criaturas bellas hay aquí!
¡Cuán bella es la humanidad! Oh, mundo feliz,
en el que vive gente así.

Un mundo feliz – Aldous Huxley

Hace muchos años me leí este libro y en su momento me encanto, para mi era una ficción, un buen relato, una buena historia; sin embargo, la vida se desarrolla, creces y tus hábitos y responsabilidades también y comienzas a darte cuenta de que en realidad estamos viviendo adictos al SOMA, al manejo de las emociones por medio de una droga, las redes sociales.

A principios de marzo aparece el mundo una nueva mutación dentro de la familia de los coronavirus, se conoce como SARS-CoV-2 y todos lo llamamos COVID-19, virus que parece apuntar a las células de los pulmones y posiblemente también a otras del sistema respiratorio. Las células infectadas producen más partículas de virus, que luego se pueden transmitir a otras personas al toser, por ejemplo. Derivado de esto, todos fuimos recluidos y todo el mundo se detuvo, todo menos lo digital.

Y es en este punto en donde nos comenzamos a dar cuenta de la realidad; vivimos atados a un algoritmo creado específicamente para manipular el cerebro, vivimos en una ficción, un espejismo creado por las redes sociales. Somos adictos a un mundo que nunca existió, que no es relevante y que, por supuesto nos fascina.

Yo me dedico a hacer paginas web, configurar analíticas dentro de las mismas y todo lo que conlleva y por supuesto también realizo trabajo de gestor de comunidades, y, aunque parezca contradictorio he decidido dejar de forma personal las redes sociales ¿Por qué? Por que me canse de la ficción que ahí vivimos, no me mal entiendan creo en el poder del internet, la posibilidad de dar a conocer lo que haces, o lo que piensas, descubrir artistas, proyectos, tecnologías nunca fue tan fácil y eso lo adoro, pero, ahora para la mayor parte de las personas han permanecido redirigidas (301 en muchos casos) hacia las redes sociales, espacios en donde un algoritmo de cada una filtra lo que deseas ver. En donde lo mas importante es conocer tus hábitos de consumo para mostrarte una y otra ves el mismo anuncio; en donde el contenido relevante es sustituido por el meme de moda que además genera más “engagement” que cualquier contenido de calidad y con altos valores de producción.

Como en un mundo feliz, las redes están terminando poco a poco con la familia, la diversidad cultural, el arte, el avance de la ciencia, la literatura, la religión, la filosofía y el amor.

Las Redes Sociales Arruinan Tu Vida! Jaron Lanier / Entrevista Español

Y aquí vas a decirme ¿de qué habla este tipo? De la realidad, de como en esta pandemia nos hemos dado cuenta de que somos poco empáticos con quienes nos rodean, con nuestra familia, con quienes lo necesitan; hemos descubierto que no importa cuanto lo intentes si no pagas publicidad en las redes, tu app o proyecto web se las va a ver muy difícil para crecer, rompiendo y pisoteando los esfuerzos de empresas que tienen un excelente producto, de mucha calidad pero que son ocultadas por el algoritmo para darle espacio al “influencer” que si pudo pagar su cuota, la diversidad cultural no es importante, al menos no para el algoritmo.

Convivo con cantidad de amigos artistas y existe en la mayoría algo en común, incertidumbre de poder vivir de su arte, las cosas están difíciles para muchos de ellos, y, en esta pandemia se han agudizado las cosas; muchos de ellos han cerrado negocios, no encuentran los medios para mover su arte; muchos de ellos realizando incluso talleres gratuitos, talleres de gran calidad y cuyo aforo es apenas de un par de personas y que decir de los programas en streaming en donde se intenta apoyarlos, nada, no se le muestra absolutamente a nadie, no es relevante para el algoritmo; pero aun así todos los días los artistas siguen subiendo sus videos, sus proyectos, sus dibujos, conformándose con un “like” y convirtiendo su incertidumbre en ansiedad cuando se dan cuenta en sus recuerdos ( “un día como hoy” creo que se llama en Facebook) que hace 6 años hacían lo mismo y que solo se ha cambiado la marca de los plumones, pero que en ningún momento las redes sirvieron para hacer crecer su talento, mucho menos para lograr generar ingresos, garbanzos de a libra existirán pero en realidad, las redes están matando en muchos sentidos al arte.

Estamos en una época en donde todos tienen un celular, una computadora y una laptop, pero pocos pueden cambiar los dns de Google y otro tanto ni siquiera se sabe la contraseña de la cuenta de Android de su tremendo teléfono capaz de sacar fotos a la luna. Una era tecnológicamente hablando, tremenda, llena de cambios, pero en donde las tendencias en redes por lo regular son acerca de temas que buscan reproducir sentimientos negativos o que buscan venderte algo. ¿No me crees? Entra en cualquier punto del día acá: https://twitter.com/explore/tabs/trending y Voilà.

La Real Academia Española define la red social como un Servicio de la sociedad de la información que ofrece a los usuarios una plataforma de comunicación a través de Internet para que estos generen un perfil con sus datos personales, facilitando la creación de comunidades con base en criterios comunes y permitiendo la comunicación de sus usuarios de modo que pueden interactuar mediante mensajes, compartir información, imágenes o vídeos, permitiendo que estas publicaciones sean accesibles de forma inmediata por todos los usuarios de su grupo y en este punto nada esta mas fuera de la realidad, las redes sociales están haciendo que lo que digas no importe.

Trabajando como gestor de comunidades y me he percatado de los sumamente complicado que es hacerte escuchar, que la gente si quiera lea el copy que tanto te tardaste en crear, la imagen que editaste 3 o 4 veces para que tuviese la calidad y composición que quieres; lo cierto es que no importa que hagas, regularmente tu sitio web tendrá pocas visitas, aun cuando el posteo en redes tenga miles de interacciones y que decir de lo casi imposible que para algunos es si quiera vender una “comisión dibujada” aun cuando tengan cantidad de “me gusta”.

Nos han engañado, las redes no son mágicas y tus redes no van a funcionar, no importa lo que hagas, no importa cuanto tiempo le dediques si detrás de ellas no hay una planeación, un producto, un esfuerzo, un presupuesto, nada lo va a cambiar.

Jaron Lanier. Contra el rebaño digital. Español

Yo dejo mis cuentas personales por que he visto lo infeliz de las personas cuando se dan cuenta que tienen 2 likes  en su publicación que les tardo 3 días editar, he visto como “agencias” roban a sus clientes haciéndoles pagar pautas (que además pueden ocupar en sus talleres, proyectos, negocios) que al final no sirven de mucho, he escuchado a jóvenes decir “yo quiero ser influencer”, he corroborado lo difícil que es hacer crecer un negocio en donde las redes no han sido un factor para su desarrollo pero sobre todo dejo mis redes por que no se han convertido en una herramienta para las personas, son una enorme herramienta para las empresas y solo así las ocupare.

Solo ocupare las cuentas de Gaspacho, difundiendo mis proyectos ya no mi vida personal, en mi trabajo ocupare las redes para mis compromisos laborales, pero, solamente.

Pero, sobre todo, dejo mis redes porque hay una ficción que no me gustar ver y una realidad que me encanta vivir.

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