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LA PIANISTA

Argos Tales

Algunos dicen que la buena música es el silencio, otros alaban a los clásicos y últimamente hablar sobre sexo, armas y mujeriegos es “Buena música”. Yo por el contrario, opino que la buena música, depende de quien la toque y lo que busca transmitir, no importa el instrumento, o la manera de tocarla, usar las palabras correctas y el ritmo adecuado es la clave.

Mi amor por la música comenzó en una pequeña granja, en las afueras de la Ciudad de México, en un pueblo llamado “La Paz” ese era mi hogar. Una típica vida en el campo, trabajar en el molino, cuidar de los animales, arar la tierra, lo de siempre. Mis padres me criaron bien, eran buenas personas, solían llamarme “Pequeña Anny” por ser bajita y según ellos parecerme a una muñeca de porcelana, ellos me enseñaron sobre la vida y la música, empecé amando el Pop tradicional de Estados Unidos, después las canciones de Pedro Infante, Jorge Negrete y demás cantantes mexicanos, pero cuando escuché la música producida por un piano quedé enamorada: ¿Cómo un instrumento de cuerdas y madera podía producir melodías que podían ser tristes y alegres a la vez? El piano era todo, todo en uno, y entonces ser pianista se convirtió en mi sueño.

Mis padres jamás se interpusieron entre mi sueño de ser pianista y yo, incluso pagaron mi escuela de música, en el Conservatorio Nacional de Música en la Ciudad de México. Una vida muy bella, mis compañeros y los maestros eran todo lo que esperaba, y di lo mejor de mí. Fue entonces que en una de las clases escuche del señor Villanueva la frase “La música mas bella depende de quien la toque y lo que quiera transmitir” esa frase resuena hasta la fecha en mi cabeza. Quería ser yo la que creara música bella en todas sus piezas, quería ser yo aquella a quien vieran y dijeran: “Es ella la pianista que tan bellas melodías ha creado” y desde entonces paso mi vida intentando buscar la música más bella, tenía que ser yo la que la creara, nadie más, nadie más merece ser recordado más que yo.

La primera vez fue en mi departamento, uno que rentaba en el norte de la capital, estaba bastante lejos del Conservatorio, practicaba como siempre en mi piano, pero algo fuera interrumpió mis experimentos, es sonido de una libreta cayendo al suelo, al salir descubrí a uno de mis compañeros Armando, recogiendo su libreta muy asustado y mirándome a los ojos, sabía que mi buen oído no me engañaría, tenía escritas las percusiones de la melodía que estaba tocando en esa libreta, pobre Armando, insinuaba que solo quería basarse en mis notas para crear la música más bella, quería irse, pero yo lo invite a pasar, usando mis encantos de Muñeca de Porcelana él no se pudo resistir, pero tan sólo era el anzuelo, nadie me roba mi bella música, y mientras él se dejaba llevar tocando mi cintura yo le apuñale el pecho con un cuchillo de cocina seis veces de manera muy rápida, tal y como el número de notas del coro de mi pieza.

Con tan sólo eso termine muy cansada, ahí estaba el pobre ladrón, en el suelo, llamándome perra y demás cosas mientras su vida se apagaba, lo último que escuchó fue lo que le susurre a su oído “Nadie te recordará”. A partir de ese día decidí tomar una identidad, no soy ninguna tonta, sabía que lo que hacía era algo penado, Armando sólo fue el primero de muchos que creyeron que me podían plagiar, por eso tomé una máscara de porcelana, de aquellas que se usaban para la ópera, el rostro se veía idéntico al mío, mis padres no mentían, en verdad yo era de porcelana, pero esa máscara no era lo suficientemente bella para representar mi música, tal era mi frustración que la golpee contra la pared y le quebré la zona izquierda de la frente, lo había logrado, era hermosa, transmitía que lo era por fuera y por dentro, dejando ver mi ojo izquierdo y un parte de mi frente, era perfecta.

Ahora se me conoce como “La Pianista” un formidable nombre para una artista como yo, “Anny la Pianista” o solo “La Pianista” aun así era hermoso, toco tan rápido mi piano en algunas estrofas que me canso mucho y muy rápido, tal y como el día en que maté a Armando. Estoy cerca de encontrar la melodía perfecta, el público me espera, afuera se escuchan sirenas, anunciando que viene “La Pianista” a tocar la música más bella. Tan sólo debo cambiar los viejos huesos de armando del clavijero por otros, el mundo se deleitará con esta pieza.

LA PIANISTA
LA PIANISTA

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